TARDES DE BERREA EN CAZORLA

La sierra jiennense es la región donde anida el equilibrio de la naturaleza, la morada perfecta para la fauna más diversa, el abrigo reparador para flores, plantas y árboles de altas copas y la sierra más conocida del parque natural más grande de España. Le mostramos Cazorla en sus tres grandes momentos a lo largo del año: La primavera, el otoño y el invierno.


Vídeo: el genial Félix Rodríguez de la Fuente inmortalizó la berrea del ciervo en el embalse del Tranco, junto al Castillo de Bujaraiza, donde hoy se ubica el Parque Cinegético, un lugar inmejorable para disfrutar de uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza ibérica.

Cazorla es la sierra más conocida del parque natural más grande de España. Sus otras hermanas, Segura y las Villas, atesoran similares encantos, parecidos valores, calcados paisajes. Sin embargo, la historia, la costumbre y sus gentes se han empeñado en conceder a Cazorla la fama de ser el verdadero santuario de los más altos e insignes valores medioambientales. Argumentos no faltan para creerlo: La sierra jiennense es la región donde anida el equilibrio de la naturaleza, la morada perfecta para la fauna más diversa, el abrigo reparador para flores, plantas y árboles de altas copas.

Quizá el valor más tangible de Cazorla resida en que un lugar con principios parecidos al de los grandes parques nacionales del norte abra sus puertas, paradójicamente, en el corazón del sur peninsular. Cazorla tiene tres grandes momentos a lo largo del año: La primavera, el otoño y el invierno. El verano, en cierta forma, es una prolongación de la sensualidad primaveral, y su tropiezo con el siguiente solsticio se realiza sin traumas ni grandes aspavientos.

En primavera, Cazorla se apodera de toda la luminosidad de la mañana. Esos días de finales de abril y principios de mayo son un estallido de aromas, olores y sensaciones visuales. El viajero trepa hasta el puerto de las Palomas y se deja caer hasta la suavidad del valle del Guadalquivir. A su paso descubre un tratado de excéntrica botánica. Los olivos del valle muestran la desnudez de sus flores mínimas. Los pinos que rodean el entorno de la sierra han crecido con respecto al último invierno.

Por el puerto de las Palomas hay encinas y alcornoques con sus frutos verdosos. Sus pies están salpicados de tomillo, romero y lentisco, que aromatizan los alrededores y atraen la atención de insectos, chillonas cigarras y estrafalarias mariposas. No hay arroyo, fuente o regato donde el agua deje de manar. En sus márgenes se multiplican los helechos y las jaras pringosas, cuyas hojas brillan bajo el insolente sol del mediodía. La violeta de Cazorla, uno de los más extravagantes endemismos del lugar, alardea sus colores chillones y casquivanos ante la ociosidad de otros narcisos y orquídeas que decoran el manto fértil y generoso de la sierra. Los pinos de altas copas regalan una reparadora sombra, y a orillas del recién nacido Guadalquivir crecen las tiernas hojas de álamos negros y los chopos de altos vuelos.

LAS PUERTAS DEL OTOÑO

A las puertas de comenzar otro otoño, Cazorla se convierte en uno de lugares más bellos de Andalucía. En estos días de mediados de septiembre los árboles mudan de color. Una vieja leyenda del lugar asegura que los álamos exhiben su nostalgia cambiando el color de sus hojas. Allí donde antes había verdor hay hoy palidez amarillenta, parda y cárdena. Cazorla muestra su poética en la tonalidad de los árboles, en el tono mustio de sus valles, en la cadencia de sus arroyos, ya casi resecos después del interminable invierno. Puede que durante estos días de otoño el acento de Cazorla sea opaco y melancólico, pero la belleza de sus parajes es infinita.

El otoño en estas montañas interminables se manifiesta a la caída de la tarde, cuando el cielo se emborrona de nubes rosáceas, y el horizonte termina por incendiarse allí donde el pantano del Tranco amansa sus aguas. Es el momento de la berrea. Los venados luchan con sus afiladas cornamentas por hacerse con la manada más copiosa de hembras. Las dehesas y los prados deshabitados se pueblan de reses. Los sonidos guturales de las bestias desequilibra la paz en los cerros y los montes.

El jabalí merodea por estos lugares, al igual que el zorro, el muflón o el gamo. La cabra hispánica, la otra gran bestia animal de Cazorla, recobra su interés por las altas cumbres y trepa hasta ellas para robar los últimos brotes de la temporada, conocedora de que el invierno acecha y su piel rugosa y áspera será cubierta, más pronto que tarde, por una manta de nieve blanca.

VIDA EN LAS ALTAS CUMBRES

En las altas cumbres el viento azota los tejos y las sabinas retorcidas que crecen por las lagunas de Valdeazores y los circos rocosos, cuyas aguas alimentan los lechos del río Borosa. El águila real es uno de los símbolos animales de la Sierra de Cazorla. Aún colea en la memoria de todo viajero aquel episodio de El hombre y la tierra en el que el doctor Félix Rodríguez de la Fuente logró filmar en el paraje de los Poyos de la Mesa, próximos al Parador de Turismo, cómo un águila de enormes alas capturó con sus garras un desdichado cervatillo al que llevó volando hasta su oculto nido.

Hoy las rapaces siguen custodiando el cielo cazorlense. Los buitres leonados y los halcones tienen su morada entre los peñascales que escoltan las fuentes del Guadalquivir. El quebrantahuesos, otro de los grandes símbolos del lugar, dejó de volar hace años. Pero un grupo de biólogos se ha empeñado en reintroducirlo a partir de algunos ejemplares traídos desde Austria.

El experimento ha dado sus frutos y el ave con el plumaje más vistoso de todas cuantas pueblan Cazorla empieza a adueñarse del trozo de cielo que siempre le perteneció. Los grandes charcos a los pies de los valles, las lagunas copiosas, los arroyos caudalosos, las fuentes atiborradas de agua presagian la llegada de la primavera. Allí donde nace el Guadalquivir, en un punto impreciso entre los términos municipales de Cazorla y Quesada, el agua brota sin cesar.

CENTRO DE VISITANTES LA TORRE DEL VINAGRE

El Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas lo forman 23 municipios de la provincia de Jaén. Este espacio natural es el más extenso de España y el segundo de Europa. Sus 214.000 hectáreas de perímetro protegido se sitúan al este de la provincia y se adentran en tierras de Albacete y Granada, a través de las sierras de Alcaraz y Castril, respectivamente. El centro de visitantes más importante del parque recibe el nombre de Torre del Vinagre y está a los pies del embalse del Tranco, un pequeño mar interior que recoge las aguas del recién nacido Guadalquivir.

El centro de información e interpretación de la Torre del Vinagre acoge numerosas salas temáticas donde se explica pormenorizadamente las riquezas botánicas y faunísticas de este lugar, exaltado en su día por el doctor Félix Rodríguez de la Fuente en su inolvidable programa El hombre y la tierra. La Torre del Vinagre posee, además, un museo de caza con trofeos cinegético de primer nivel. Además, a un abre un jardín botánico con las especies endémicas del parque.

A los pies del centro discurre el recién nacido río Guadalquivir. Tras salvar un puente se llega a la piscifactoría donde se crían colonias de truchas asalmonadas y las cascadas del río Borosa. Siguiendo este sendero se llega hasta el arroyo de las Truchas, uno de los lugares más pintorescos de todo el parque natural.

Artículo de Manuel Mateo Pérez

FUENTE: OCHOLEGUAS.COM

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