Nace en Cazorla el noveno pollo de quebrantahuesos de la temporada

Rompió el cascarón a las 6.30 de la mañana, pesa 144 gramos, apenas abre los ojos y su piel rosácea está cubierta de una débil pelusilla blanca, pero es ya todo un símbolo de éxito, el del Programa de Cría en Cautividad del Quebrantahuesos en Cazorla, que el lunes alumbró el noveno polluelo de la temporada.
El último quebrantahuesos de 2011 engorda una cifra de nacimientos histórica para el Centro de Cría Guadalentín, que arrancó hace ahora quince años con un ambicioso objetivo: lograr que el ave más majestuosa de Europa volviera a planear por los riscos de esta sierra jienense, de donde se extinguió en 1986.
2016 es la fecha esperada por los técnicos del Centro de Cría Guadalentín para que los primeros ejemplares alumbrados en cautividad, en el año 2006, alcancen la edad reproductora y vuelvan con sus parejas a buscar un hogar para criar e instalarse en el entorno en el que fueron liberados, y en el que ellos creen que nacieron. Y es que, una vez cumplen tres meses bajo los cuidados en cautividad de sus padres en el Centro Guadalentín, la mayoría de los polluelos son marcados con un GPS y liberados. La bióloga de la Fundación Gypaetus, Margarita Limón, explica que para ese momento los polluelos ya pesan entre 5 y 7 kilos y poseen idénticos rasgos que los adultos -majestuosas alas de plumas negras, pecho de tonos ámbar e intensos ojos amarillos-, con una salvedad: «Aún no saben volar».
Sobrevolando el Noroeste
 
Los técnicos de Gypaetus, como Margarita, les dejan en una amplia cueva, a la que durante meses acuden sigilosamente a suministrarles carroña de madrugada, desde la que aprenderán a buscar su alimento por ellos mismos y, lo más importante, a volar. «Siempre pensarán que han nacido en el entorno en que les liberamos, no en cautividad, y al ser una especie muy territorial, especialmente los machos, volverán a quedarse para siempre a ese lugar cuando sientan la necesidad de reproducirse», señala Santiago Estebarán, otro de los técnicos.
No obstante, hasta que sientan esa llamada no dejarán de hacer ‘turismo’: «El primer año suelen quedarse en el entorno, pero el segundo año de vida tenemos ejemplares que se han ido a los Pirineos y han vuelto, y otros que han llegado hasta Tarifa», indica Jesús Charco, gerente de Gypaetus. También sobrevuelan con frecuencia el Noroeste de la Región de Murcia, donde tuvieron anidaron hasta hace unas décadas, así como las sierras de Cieza y Jumilla.
FUENTE: laverdad.es edicición de Murcia
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